lunes, 10 de noviembre de 2008

Casi Eliseo pero Fredy


Un auto se asoma, y el sonido de unas monedas en el bolsillo comienza a sonar, es al unísono. “Aquí jefecito” apunta un brazo fuerte un sector desocupado, es Fredy que pareciera que tuviera un imám hacia los autos, corre sin pensarlo hacia ellos.
Los autos son su mundo y le ayudan a ganarse la vida. No los vende ni los compra, los estaciona.
Para Alfredo Norambuena (el Fredy) no es un problema el exceso de autos que deambulan en Santiago, por el contrario celebra cada vez que el gobierno se aterra cuando las cifras aumentan.
“Es complicado ganarse la confianza de la gente, creen que por ser uno humilde se va a aprovechar de ellos. Es verdad que no somos los dueños de la calle, pero si ella nos ayuda a vivir, no tenemos otra opción, los trabajos son muy pocos en este tiempo” dice Fredy.
Obligado a la bohemia de los fines de semana, debe estar atento de todo hasta altas horas de la noche, el barrio Bellavista llena sus estacionamientos principalmente de jueves a viernes, aunque en la semana a Alfredo nunca le falta trabajo.
“Lo malo de esto oiga es que nos meten a todos en un mismo saco, creen que todos somos estafadores. Desde que salieron esos programas en la tele la gente ya no nos cree y eso me da pena”
Tiene músculos en los brazos bien formados, podría decir que hasta envidiables, es que estar todo el día y todos los días con los brazos arriba haciendo señas y diciendo:”cuidado jefecito, un poquito más un poquito más, dele pa’ la derecha pa’ la derecha suavecito” debe haberle dado esa atribución.
Hace 7 años trabaja en Pío Nono, dice que es un barrio que da dinero seguro, “los jóvenes siempre vienen a carretear acá, y eso es platita segura el fin de semana”.
Es independiente, pidió un permiso en la municipalidad de providencia para realizar su trabajo honestamente, su uniforme son unos jeans desgastados, una polera roja y una chaqueta azul ajustada de puños y cintura. Su jockey es su aliado fiel en los días de pleno sol, donde el cemento es enemigo de la sombra.
No vive de sobornos y tiene que lidiar diariamente con el clima, llueva, truene o gotee tiene que estar de Bellavista a las 8.30 am. y no importa si le gusta o no, sabe no va a salir el sol por una queja.
¡Déjate algo po’ Fredy! Escucho que me gritan en el oído, es que Alfredo pareciera que tiene el monopolio, pero sólo por una cuestión de actitud, su gran sonrisa y ese carisma innato te hacen sentir una cercanía instantánea.
Ya en la tarde se nota el cansancio en los ojos de Alfredo, su ánimo no es el mismo y su corrida ahora es trote, es cansador, no se trata de sólo mover los brazos y dar indicaciones, también hay que llegar a la gente, y eso es lo que más cuesta.

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